Un hombre que
trabajaba en una fábrica de conservas le confesó a su mujer que estaba poseído por
una terrible obsesión: Introducir su pene en la cortadora de pepinos.
Espantada, la
esposa le sugirió que consultara con un psicólogo. El marido prometió que lo
pensaría, pero todos los días le repetía a su esposa la misma historia,
hasta que ella, harta, un día le dijo:
—¡Pues mételo y no me fastidies más! Es tu
problema.
Días después,
el marido llegó cabizbajo, pálido y profundamente abatido.
—¿Qué pasó,
querido? —Le
preguntó la mujer.
—¿Te acuerdas
de mi obsesión por meter el pene en la cortadora de pepinos?
—¡Oh, no!
—Gritó la mujer— ¡Dime que no lo hiciste!
—¡Sí, sí, lo
hice, lo hice!
—¡Oh, por
Dios! Y… ¿Qué pasó?
—¡Me
despidieron! —Respondió el marido.
—Pero… y… eh…
¿Qué pasó con la cortadora de pepinos? ¿Te hizo daño?
—No, no… ¡A
ella también la despidieron!
...
¿En qué se
parece un hombre a un helicóptero?
En que el
hombre tiene sesos y el helicóptero se sostiene.
Un amigo a
otro.
—¿Cuántos
cornudos te parece que viven en esta calle sin contarte a ti?
—¡Cómo sin
contarme a mí! ¡Eso es
un insulto!
—Bueno, no te enfades. Vamos, contándote a
ti… ¿cuántos te parece que hay?
...
—Papá,
papá, cuando sea grande quero ser puto.
—¿Cómo
que quieres ser puto? —Le suelta un par de hostias.
El nene
llorando dice:
—Beno,
pero si no soy puto… ¿puedo ser Mickey?
—¿Qué
tal tu viaje por Italia?
—Muy
bien, estuve en Roma, en Milán y en Temeo.
—¿Temeo?
Nunca había oído hablar de esa ciudad.
—Pues
es muy conocida.
—¿Estás seguro de que se llama Temeo?
—¡Ah
no! perdona. Era Torino.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Amazon.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Google Play.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en iTunes.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Kobo.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Barnes&Noble.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Lulu.
1200 Chistes para partirse. Cómpralo en Smashwords.